Natural, estilo conversacional, no artificial (ya no mueve a las congregaciones actuales desde hace rato...).
Con confianza, no nervioso.
No ser áspero.
Con pausas: ni pocas, ni muchas. “Acostúmbrate a poner las pausas en el lugar que les corresponde, así tanto los textos bíblicos como los propios párrafos del sermón resultan mucho más comprensibles”.
Con variaciones en:
Velocidad al hablar. No muy lenta (aburre), ni muy veloz (no captan los pensamientos).
Tono de voz (no monótona).
Volumen de voz.
Gestos de las manos.
Vocabulario:
Sencillo y directo.
No usar palabras difíciles ni tratar de impresionar.
No usar palabras vulgares.
Evitar las muletillas.
"Empieza a hablar con calma y sin levantar la voz desde el principio, ya vendrá ocasión luego de hablar con calor. Principia con aire decidido, como quien está seguro que tiene algo importante que comunicar".
A dónde mirar:
A toda la congregación: Aumenta el interés, sienten que es para ellos, no para el suelo o el púlpito.
Comienzo:
Avisar texto bíblico, página y dar tiempo de hallarlo.
Terminación:
Orar sobre el tema.
Isaías 55:10-11 y Juan 16:7-15 nos prometen ayuda y éxito, entonces no sentirse fracasado (ni orgulloso).
Si se usa el humor, evitar:
De mal gusto.
Irreverente.
Que distraiga del propósito del sermón.
"El humor es útil para despertar las facultades mentales: interés, atención, imaginación, etc. si lo sabemos usar, pero también es un terreno resbaladizo, no hay que bromear si no se tiene gracia".
Gestos o acción:
¿ Por qué ? Una estatua que habla, aburre. La gesticulación es útil porque añade énfasis y comprensión al sermón, si se usa acertadamente y con moderación. A mayor concurrencia, más gestos y que se vean de atrás.
¿ Cómo gesticular? Los gestos deben ser naturales, claros y sencillos. Evitar los que no añadan al mensaje, o distraigan, raros, ridículos, inoportunos, o muy repetidos.
Ejemplos de gestos a evitar ("el que lee, entienda"):
Meter las manos en los bolsillos, calmar los nervios moviendo llaves u otros objetos.
Estar apoyado perezosamente o agachado sobre el púlpito.
Balancearse sobre los tacos.
Rascarse la oreja o costumbres raras.
Fruncir mucho la frente.
Mover o frotarse la nariz.
Expresiones bucales o faciales extrañas.
Sacar y ponerse anteojos continuamente.
Tocarse continuamente el pelo o la corbata.
Nerviosismo: moverse mucho, frotarse las manos, etc.
Leer el sermón en la palma de la mano.
Amenazar a los oyentes con los puños.
Abalanzarse sobre el auditorio inclinando el cuerpo hacia delante.
Apoyar la cabeza sobre el brazo.
Sacar las ideas con el dedo, del cuello de la camisa.
Estremecer al auditorio con ensordecedores gritos.
Toser ruidosamente al final de cada párrafo.
Marear a los oyentes balanceando el cuerpo en forma de péndulo de un lado a otro.
Romper la Biblia a puñetazos para aumentar el énfasis.