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Siempre lo digo: A algunas personas todos los días le parecen iguales. Otros estiman importantes las recordaciones tradicionales. Para la mayoría de las personas las pascuas no son más que cualquier otro feriado para disfrutar, y lo que menos se recuerda es su significado, o simplemente se desconoce, resultando en que no es ni remotamente una semana verdaderamente santa. Sin embargo, aquellos que predicamos el evangelio, más allá de lo discutible que pueda ser la exactitud histórica de la fecha, y más allá de que algunos de nosotros no diferenciamos los días entre sí, de todas maneras podemos y debemos aprovechar la mayor disposición de los inconversos que aceptan alguna "tradición cristiana" en estos días, como una provechosa oportunidad para predicarles el mensaje de Salvación. Aquí les copié algunos enlaces, sobre la temática actual "Semana Santa", que pueden serles útiles al predicar en estas fechas. ¡ Adelante y Felices Pascuas !

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Aproveche para predicar a los que le gustan las postales:

 
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Escritos para que se presenten en alguna fecha en especial, como Navidad, Semana Santa, día de las madres, etc. con el propóstio de mostrar un mensaje con respecto al día festivo.

Los siguientes 2 artículos, ya no se encuentran en http://www.icp-e.org, así que los copié de mi viejo archivo:

HE AQUÍ EL HOMBRE

"La semana de la Pasión, abundante en sufrimientos físicos y morales, está alcanzando su culminación, En el Petrorio, lugar donde residían en Jerusalén los produradores romanos, Pilato intenta, sin esfuerzos comprometedores, librar a Jesús de la muerte. Piensa apelar a la compasión de un pueblo que no la tiene y para ello utiliza el expediente de la coronación de espinas. Quiere mostrar a Cristo en la profundidad de su humillación y de sus sufrimientos. Sale Jesús, hasta hacerse visible a la multitud que grita su muerte, 'llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: iHe aquí el hombre! " (Juan 19:5).

¡Palabras proféticas! Principia el Evangelio de Juan diciendo:
"He aquí el Cordero de Dios!"
(Juan 1 :29), y termina con una apelación a la Humanidad, presentando al Cordero como el Hombre.

El empleo del artículo para destacar la singularidad de aquel Hombre no es mera expresión gramatical ni una forma cualquiera de hablar en Pilato. Cristo es el Hombre. El Hombre sin fingimientos. El Hombre que rompe todos los mitos. El Hombre que estuvo y seguirá estando por encima de todos los superhombres de carne y paja.

La gloria de todos los llamados hombres es como la hierba del campo. Así lo dice la Biblia y así lo confirma la Historia. Ramsés II, que dejó más de cién hijos al morir, quedó momificado para la posteridad en un museo de El Cairo. Nabucodonosor, constructor de jardines colgantes que simbolizaron la gloria de un imperio, anduvo por los campos comiendo hierba, con la razón perdida. Cristóbal Colón descubrió un mundo y murió mísero, triste y desengañado. Alejandro Magno lamentaba no tener más mundos que conquistar y murió a los 33 años, de un ataque de malaria, al levantarse de un festín. Julio César, el más famoso de todos los conquistadores guerreros, cayó muerto al pie de la estatua dedicada a Pompeyo, atravesado por el puñal de Marco Bruto. Ludwig Van Beethoven, el más grande de los músicos románticos, tuvo una existencia dramática, principalmente a causa de la sordera, y arrastró una vida de solitario. Carlomagno, el hombre que dió a Occidente un nuevo concepto de Imperio y sirvió al papado con fidelidad de siervo, murió como cualquier villano de su época, de un fuerte ataque de calentura que degeneró en una pleuresía. Platón, catalogado entre los más grandes pensadores que ha tenido la Humanidad, murió de una borrachera en un convite de boda. León Tolstoi, místico, revolucionario, literato ruso de catogoría indiscutible, padecía de frecuente crisis morales y estuvo en varias ocasiones al borde del suicidio. Voltaire, el hombre que revolucionó la filosofía francesa y conmovió ideológicamente a la Europa de su tiempo, murió entre fuertes dolores físicos y lamentos de desesperación. Luis XIV de Francia, el llamado rey sol, gobernó entre grandes escándalos privados y tuvo una muerte desesperada. Gengis-Khan, el poderoso conquistados mongol, llamado emperador de todos los hombres; el fundador de un imperio que se extendía desde el Tibet hasta Siberia y desde el Danubio hasta la India, quedó reducido a piltrafa en un campo de batalla en China. Ni siquiera se sabe dónde fue enterrado. Nietzsche, alemán que murió a los 55 años, acabó su vida en un manicomio tras haber dado al mundo sus famosas teorías del superhombre y de la muerte de Dios. Buda murió a los 83 años tras una comida excesiva de carne de cerdo, exclamando al expirar: "Nada es durable".

El tiempo y el espacio me faltan para continuar escribiendo sobre los grandes conductores de la Humanidad. Los reinos y los reyes, los grandes y los chicos, los poderosos, los sabios, los soberbios, los engreídos, los encumbrados, los que arrastran muchedunbres y las muchedumbres arrastradas vienen a parar en eso: en enfermedad, en soledad, en dolores, en gusanos.

El único eterno, el invencible, el inmortal, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el mismo ayer, hoy y por los siglos, el único Hombre que puede llevar la inicial con mayúscula, es Cristo. El vive para siempre porque es la Resurrección y la Vida. Nunca muere porque tiene las llaves del Infierno y de la Muerte.

El hombre exaltado a la gloria terrena acaba en corrupción. Porque la gloria es, en sí misma, material, imperfecta, evolutiva. La humildad, en cambio, conduce a la gloria. Cristo se humilló hasta lo sumo y fue exaltado a la gloria a través de la humillación del Calvario. y de la Cruz salió el Hombre-Dios, el Hombre perfecto. En esta hora de crisis y de angustias, Cristo es el único que puede llevar paz al corazón vacío.

Como Hombre, Cristo es el ideal que nunca pasa; la integridad sin disimulos; el líder con una meta en los cielos. Como Hombre encarna todos los valores de la personalidad.

Como Hombre-Dios nos ofrece el descanso para todas las inquietudes del alma, llamándonos desde el fondo de los siglos con palabras de amor: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11 :28)

Juan Antonio Monroy es escritor, conferenciante internacional y director de la revista Alternativa 2000 © J.A. Monroy © I+CP, Madrid, 2002, Madrid (España, www.ICP-e.org)

La fiesta de la integridad se llama Pascua

''Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia... El animal será sin defecto... Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua del Señor. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo el Señor. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto... Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel.' (Éxodo 12:3-15).

 

Se acerca la Semana Santa y, una vez más, España quedará paralizada por unos días dividiéndose en dos grandes colectividades: la secular, reflejada en los que van en pos del sol; y la religiosa, manifestada en los que van en pos de imágenes; una tiene que ver con la modernidad y la otra con la tradición, la primera con el cuerpo y la segunda con el corazón. Semana Santa es, pues, un compendio de la nación, de sus valores, creencias y raíces. Lo viejo y lo nuevo de España está allí. Pero por encima de costumbres o innovaciones, la Semana Santa tiene un mensaje que transmitir cuyo origen se remonta a la institución de la fiesta de la Pascua hace 3.500 años. Si yo tuviera que definir con una palabra el carácter de esa fiesta, creo que la palabra integridad es la que mejor le cuadraría, y ello por las siguientes razones:

1. El cordero es íntegro.

Sin defecto, dice el texto. En otras palabras, no enfermo, ni raquítico, ni mutilado, sino sano y completo. La integridad física de este cordero es sólo un simbolismo de la integridad moral y espiritual del verdadero Cordero, Cristo Jesús.

2. Su inmolación se produce en la fecha íntegra.

A los catorce días del mes, esto es, dos veces siete. El momento de la muerte de Cristo no fue un accidente de la Historia, sino que aconteció en el cumplimiento del tiempo, tiempo perfecto, prefijado de antemano en el calendario de Dios. No fue el azar ni la voluntad de los hombres quien precipitó aquellos acontecimientos.

3. Su obra es íntegra.

4. Los beneficiarios de esa obra integran el pueblo de Dios.

Toda la congregación de Israel, dice el texto en dos ocasiones. Es decir, los integrantes del Pacto; si un extraño quería participar debía circuncidarse (pacto); para ellos y sólo para ellos se ha preparado este cordero. Toda la Iglesia, formada por judíos y gentiles circuncidados espiritualmente, es la beneficiaria de Cristo.

5. La apropiación del cordero ha de ser integral.

Todo el cordero era consumido. Cabeza, pies y entrañas. Hemos de comer del Cristo total: su mente (pensar), su caminar (conducta) y sus afectos (voluntad). En esa apropiación se incluyen las hierbas amargas, esto es, la comunión con el Cristo sufriente. Esta apropiación, este comer, se realiza por la fe. Se trata de un acto espiritual. Es poner la confianza en el valor reparador de su muerte como la única solución para mi pecado.

6. La disposición integral para la partida.

No comieron aquella cena cómodamente reclinados y relajados, pues estaban en tierra enemiga y ajena, sino en una actitud integral de inminente partida (ceñidos los lomos, calzados y bastón en mano) hacia la verdadera patria. Su mira, intereses, voluntad y apego estaban en lo venidero, no en lo presente. Así ha de ser con la Iglesia; en íntegra espera del regreso de Cristo y no acomodada a este mundo.

7. La integridad del seguimiento.

Tras esa cena, seguían siete días de celebración en los que se consumía pan sin levadura, es decir, pan integral; pan de sinceridad y de verdad, pan no mezclado con aditivos extraños. Tras recibir a Cristo por la fe, somos llamados a continuar todo el tiempo (siete días) en una línea de limpieza y santidad (sin levadura).

Más allá, pues, del ocio y la religiosidad de nuestra España, la Pascua es el marco que nos enseña el sentido de la Semana Santa. Qué maravillosa fiesta, de integridad, que Dios nos ha otorgado. Que la vivamos a la altura que nos propone.

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en Madrid © Wenceslao Calvo © I+CP, Madrid, 2002, Madrid (España, www.ICP-e.org)

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